martes, 2 de diciembre de 2014

La Universidad

La universidad.
Cuando ya está cerca la finalización del cuarto año de Enseñanza Media, comienza a expandirse un rumor extraño entre los estudiantes. Tiene por nombre “Universidad”. Las preguntas que sirven de preámbulo para hablar de ella comienzan siempre de la misma forma. ¿Qué hacer después de terminar los estudios?. Trabajar lo antes posible en cualquier cosa, es la respuesta generalizada. Algunos hablan de rendir la PAA hoy PSU, para ver la posibilidad de estudiar las áreas que siempre han deseado, otros sólo para saber cómo están y muchos como mero trámite, a propósito que hoy en día tiene costo cero. Antes se decía también que servía para el currículo, era mejor calificado el que la había rendido aun cuando olvidara registrar en el documento sus puntajes.
La revolución comienza. ¿Qué harán?, ¿cómo es?, ¿de qué se trata?, ¿qué requisitos se necesitan?, ¿cómo subsistirán fuera de la casa?, ¿cuántos años dura la carrera?, ¿cómo se postula?, ¿qué puntaje se necesita?, etc., etc. Las preguntas vienen y van, transformando a los osados postulantes en el centro de atención de todo grupo en los cursos y liceos.
Otros, los más, sienten que es un sueño imposible, y no por falta de capacidades. ¿Cómo vivir esos años?, ¿quién ayudará?, ¿de dónde saldrán los recursos?. Al contrario, la mayoría de las familias requiere con urgencia el aporte del hijo o hija, al presupuesto familiar. “Hay que preocuparse de los menores”, “eso es para los ricos”, “tú no puedes llegar allí”, son los comentarios que desaniman todo emprendimiento. Hay otros que analizan el problema en forma más positiva. “Anda no más”, “eres inteligente y serás capaz de salir adelante”, “la ayuda no faltará”; son los incentivos que se dan desde la otra vereda.
Largas noches de insomnio, hacen pensar en el asunto, lo cierto es que los audaces, buscan todas las formas de crecimiento, sin que importe el sacrificio. Al final, lo primero es lo primero sin apresurarse. El día del reconocimiento de salas la historia comienza a hacerse más real, en los días siguientes, dar la prueba, por las razones que sea, producirán el convencimiento de que estar y permanecer en la Universidad, no tiene que ver con la situación económica sino con la propia evaluación de las capacidades y perseverancia que se pondrá en el proceso. Otro periodo de nerviosismo viene a continuación. A la ansiedad por conocer los resultados le sigue el incontrolable proceso de postulación. ¿Qué?, ¿cómo? y ¿cuándo?, se transforma en “a lo mejor”, “quizás”, “no sé”.
Y es posible que las condiciones cambien. La preparación, escasa o abundante, es más bien el preludio de la cantidad de libros que habrá que leer, los múltiples trabajos por realizar y del estudio responsable y comprometido que se hará de cuanto los académicos propongan. Buenos amigos de los sueños, son también los compromisos que habrá que asumir para hacerlos realidad. Estudiar en la Universidad, parece ser tarea difícil.
En el mundo de los sueños la universidad se aparee como un edificio grande, de extraña arquitectura. El lugar con mayor concentración de personas que usan lentes. Personajes raros, cada loco con su tema, dialogando acerca de cuestiones o complejos acertijos. Siguiendo en el mundo de los ideales, un lugar con extensos prados de verde césped, en que grupos de estudiantes, sentados comparten inquietas fórmulas e ideas, acerca de lo que comprenden o elucubran. Y obviamente, en ese mundo, la permanencia en la universidad no tiene costo económico, sólo intelectual.
Toda diferencia o semejanza con la realidad, es mera coincidencia.
M

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